Animal de musgo que sueña lo salvaje es un libro de Mercedes Bautista que se caracteriza por una brevedad circular, es decir, una idea impactante que viene, parece que se va y regresa, como cuando tienes el estribillo de una canción insistente en la mente.
Desde los primeros textos del libro se percibe una insistencia simbólica que no es casual:
- el mar,
- el cuerpo,
- la memoria.
Elementos poético-existenciales que se entrelazan. Son formas distintas de una misma sustancia.
En poemas como devenir, la voz poética se sitúa en una frontera movediza entre la orilla y lo profundo, ahí las memorias emergen.
Hay un proceso de construcción de identidad (compromiso de una ética poética), no desde la aburrida certeza, sino desde el venturoso intento; es a propósito. Sabe bien que el espíritu auténtico de la poesía prefiere fingir imperfección porque su inherente perfección no da placer.
En autorretrato de agua, el cuerpo se coloca en el núcleo de la observación poética. Sin volverse ornamento literario, sino convertido en territorio de experiencia exponencial. La voz que habla implosiona desde el gozo y hacia el éxtasis entre sus formas y no-formas, en sus gestos de piel y ausencia, en sus límites y extralimitados líquidos.
El agua espejo suspende el tiempo y se vuelve radical posibilidad y espacio donde la identidad se inspecciona y, a la misma vez, transmuta circular en potente sensualidad de Lenguaje, quien se mantiene cercano a la materia y evita explicarse de más.
Otro poema vital, De tripas corazón, introduce un tono visceral y cercano a la raíz emocional. La figura materna aparece como centro gravitacional del texto audible (por su fuerza), y alrededor se despliega Lenguaje que oscila entre herida y resistencia.
En De tripas corazón la palabra no es contemplativa, es espíritu activo. Aparece para romper, nombrar lo que duele y, en cierto sentido (paradójico y congruente), reconstruir lo que parecía quebrado.
En conjunto, estos textos comparten una cualidad que resulta cada vez más valiosa en la poesía contemporánea: la voluntad de sostener una voz propia y auténtica.
No hay afán por complacer ni por acomodarse a formatos previsibles, ni un afán pro-jurado, buscador de ortodoxo aplauso. Lo que hay es un proceso de exploración vertiginosa y controlada, un trabajo paciente con la imagen, la memoria corporal, una elegante rebeldía con una voz de oleaje y verdad.


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