Se llamaba y se llama Nicanor Parra, porque sujetos como él suelen no morir (abandonó su cuerpo a los 103 años habitando la Tierra hasta el 2018). Físico, matemático, y reconocido como poeta, siendo que lo suyo no era como tal la poesía; una vez dijo: «Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa», notándose ahí su antipoesía. 

La génesis de la antipoesía de Nicanor Parra tiene que ver con una desconexión entre la poesía y la realidad. El antipoeta chileno Nicanor Parra decía que: «La poesía, tal como se la practicaba, en cierta forma divergía de lo que podemos llamar la noción de vida. Partía solamente de ella, pero no volvía».

Parra pretendía que sus antipoemas se construyeran con expresiones coloquiales e ironía. Aunque gradualmente fue aceptando otros elementos, manteniendo la esencia y dirección de la antipoesía. 

Disfruta estos dos antipoemas:


El hombre imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte de un sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario




Defensa del árbol

Por qué te entregas a esa piedra 
niño de ojos almendrados 
con el impuro pensamiento 
de derramarla contra el árbol. 
Quien no hace nunca daño a nadie 
no se merece tan mal trato. 
Ya sea sauce pensativo 
ya melancólico naranjo 
debe ser siempre por el hombre
bien distinguido y respetado: 
niño perverso que lo hiera 
hiere a su padre y a su hermano. 
Yo no comprendo, francamente, 
cómo es posible que un muchacho
tenga este gesto tan indigno 
siendo tan rubio y delicado. 
Seguramente que tu madre 
no sabe el cuervo que ha criado,
te cree un hombre verdadero, 
yo pienso todo lo contrario: 
Creo que no hay en todo Chile 
niño tan malintencionado. 
Por qué te entregas a esa piedra
como a un puñal envenenado, 
tú que comprendes claramente 
la gran persona que es el árbol! 
el da la fruta deleitosa 
más que la leche, más que el nardo;
leña de oro en el invierno, 
sombra de plata en el verano 
y, lo que es más que todo junto, 
crea los vientos y los pájaros. 
Piénsalo bien y reconoce 
que no hay amigo como el árbol,
adonde quiera que te vuelvas 
siempre lo encuentras a tu lado, 
vayas pisando tierra firme 
o móvil mar alborotado, 
estés meciéndote en la cuna 
o bien un día agonizando, 
más fiel que el vidrio del espejo 
y más sumiso que un esclavo. 
Medita un poco lo que haces 
mira que Dios te está mirando, 
ruega al Señor que te perdone 
de tan gravísimo pecado 
y nunca más la piedra ingrata 
salga silbando de tu mano.