El mundo está harto del lenguaje. La poética se desplomó desde hace tanto tiempo y en la inundación de banalidad, asfixiada la humanidad, nunca pudo darse cuenta, resultó, afortunadamente imperceptible. 

Existe ahora un término que me trae inquieto, a pesar de que en el mismo instante en que me conquistó, así mismo, me infoxicó; el término es: infoxicación

Yo no sé los otros, lógico que no lo sé, pero sin exagerar, a veces de manera espiritual me dan ganas de vomitar al sobrehabitar un mundo infoxicado. Demasiada información, a medias, falsa, o distorsionada, tendenciosa o manipulada, espantosa, amarillista, incierta e imprecisa, inútil. Está provocando reacciones alérgicas al buen saber y a los que han intentado salir a salvo del narcisismo intelectualoide de los que monetizan su bordado de informaciones ajenas, o de los que sencillamente aún viven en la nube del prestigio intelectual. Banalidad al fin y al cabo, vanidad. 

Hay una estación de radio en Jalisco, cuyo nombre circuló por mi cabeza como una mosca cantando reguetón poético, y no sé si ese nombre lo sacaron de algún lado o lo inventaron, pero me da para pensar en que hoy, a modo de afirmación, esa expresión, tiene razón: La Exquisita Ignorancia

Tal vez un par de veces oí un programa de dicha estación, solo porque una amiga de aquel entonces participaba como conductora. Desconozco los contenidos actuales de tal estación, pero lo que impactó silenciosamente a mi percepción progresiva fue el nombre: La exquisita ignorancia

Vaya que, a pesar de mi apatía existencial, debo reconocer, me dejó pensando en que sí, la ignorancia es exquisita. Hay una afirmación bíblica que dice que el conocimiento hincha. No me sería tan desagradable que alguien estuviese hinchado (supongo que significa enfermo de egolatría) por tener abundante conocimiento. Lo lamentable es que en estos tiempos: hincha incluso el conocimiento falso. 

Y yo que tengo una interminable disputa conmigo mismo por el uso de ciertas expresiones, ya que casi nada me resulta adecuado para simplificar. Digo esto porque el "conocimiento falso", o sea, la expresión, hasta suena digamos elegante, discutible, antagónica. Pero lo "falso" no es como tal "el enemigo por excelencia maldita" de lo "verdadero", sino que patéticamente corresponde a otra cosa, más de asco y vergüenza de ser humano. 

Ese "falso" es desde su raíz y no como una contraposición de lo "verdadero". Ni siquiera la posverdad aplicaría como contraposición de lo verdadero, porque no lucha directamente contra la verdad, ni siquiera sabe cómo existe la verdad. Aunque en el caso de la posverdad, hay todavía algo que discutir: las intenciones, la política, los ruines intereses, etcétera. Sin embargo, el otro conocimiento falso es ese patético aire actual que hace creer a muchos que estamos en una era de conocimiento. A medias. Sin fundamento. Con un desarrollo cuya ruta es el formato, uno que impacte o mantenga entretenido a ese ser que "está aprendiendo". 


Por eso la poesía no existe 

Por lo anterior, no soy hipócrita y no me duele decir que la poesía no existe. Porque la poesía es equivocadamente asociada a una especie de lenguaje especial. Y hoy, lo especial es cualquier cosa con buen formato. Formato de vídeo, formato de verso, formato de belleza física estándar, formato de posicionamiento en SEO, formato de e-book, formato de contenido, etcétera. 

Es decir, estamos sobrecargados de lo especial (de los formatos), de estar impactados, entretenidos, y simultáneamente aburridos, tan aburridos y asqueados del lenguaje, tan infoxicados, sobresaturados de informaciones editadas, mutiladas, enfermas de distorsión como nosotros. 

Como dije, la poesía es equivocadamente asociada a una especie de lenguaje especial, lenguaje especial que nos tiene hasta la náusea, y digo equivocadamente, porque la poesía que antes era, incluso ahora, en ciertos instantes, ya no es. 

O sea, en otras palabras, la poesía de siglos anteriores lo fue en su contexto histórico un poco o mucho menos atiborrado de cosas especiales. Ahora esa poesía lo es solo para los lectores que mediante la mente pueden trasladarse, sin planearlo o a propósito, al origen de la poesía. Entonces la poesía existe de manera transitoria, durante la lectura y un poquito después. Y luego, antinaturalmente, se desvanece, como todo-otro contenido.

Entonces la poesía era algo así como un lenguaje extraordinario cuando había un lenguaje normal. Ahora el lenguaje normal no existe y por ende, tampoco el extraordinario. Lo que existe es una sobrecarga de lenguaje que llevamos día a día hasta la muerte de algunas cosas esenciales. 


La poesía es crisis y en la crisis se autodestruye

Sea romántica o no, de alguna manera la poesía suele o solía ser crisis. Ahora, en estos tiempos, todo el tiempo, es crisis. La crisis en la crisis se hace una fusión, se convierte en una misma enfermedad. Intentar hacer poesía es igual que intentar ser youtuber, hay tantas cosas así de semejantes, y sin embargo los contenidos digitales pueden monetizarse y resultar en un beneficio económico, y la poesía ni siquiera espiritualmente se convierte en inversión. 

Ahora bien, el hecho de estar sobrecargados de lenguaje y de información, y de hacernos sentir a algunos como nauseabundos y apáticos, nos el de todo malo, de verdad quiero asegurarlo. 

Toda persona en un alto nivel de fatiga se exige a sí misma descansar. Ahí radica la esperanza no del lenguaje, porque ya ni siquiera nos alcanza (ahora) para la deconstrucción, sino de la espiritualidad. El extremo cansancio al que están llegando muchas personas les hará detenerse de la exigencia de formato y poco a poco el poder minimalista estará devolviéndonos a la naturalidad. 


Entonces la no-poesía enfrenta los coronavirus 

En vez de intentar hacer algo que no existe (y peor, desde la desinformación no nada más del mundo sino de uno mismo, que es a veces semejante a intentar hacer un puré con vómito), mejor hacer algo que existe precisamente por su negación en múltiples perspectivas: la no-poesía

Descansemos. Descansemos de la utopía e innovemos la distopía. Disfrutemos de una exquisita ignorancia, despojémonos del falso conocimiento, y no re-inventemos, sino inventemos. Inventemos sin contexto. Cuando la poesía existía es porque había posibilidad de tomar un contexto. Ahora el entorno está podrido y no es solo externamente sino que ha traspasado el interior de cada individuo que habita el planeta Tierra. 

El coronavirus es una de las más fuertes evidencias de que el lenguaje ha pasado a ser un balbuceo permanente padecido por nosotros y en el que las tragedias como las pandemias y las crisis globales y existenciales, nos hacen llegar siempre a las mismas preguntas en diferente tono, pero al fin y al cabo repetido tono, de intensidad y "urgencia".