El lenguaje poético a menudo refleja el estilo personal del poeta; más allá de que tan deliberada sea su intención o el darse guerra a sí mismo. Lo que pretendo decir es que así como cada persona se impone sus propios límites en la vida sin darse o dándose cuenta, así el poeta se rige por limitaciones propias (o esquemas), dentro de las cuales puede sentirse protegido, pero en algunas ocasiones puede dar pie a la automutilación de la expresión de origen, es decir, por respetar un diseño no se desborda y queda incompleta la manifestación de lo que surge de adentro. 

Este es un campo de alta peligrosidad para el arte de la poesía (¿qué es lo que entendemos como poesía, qué es poesía?). Tener claro los límites en [un] lenguaje poético es, desde muchas perspectivas, tener claro el respeto a la poesía. La posmodernidad no entiende de esto; yo mismo, casi siempre, casi nunca, entiendo de esto. Pero, agradecido estoy, de que exista todavía quién sí entienda de esto, quien respete y haga la poesía. 

Jorge Yam respeta y hace la poesía, la configura dentro de sus propios límites autoimpuestos, bajo los esquemas que él mismo eligió adoptar, así crea. Y aunque su más exquisita severidad se hace obvio proviene de la cotidianidad, eso no lo limita en cuestión de estilo propio, por el contrario, y no necesariamente de modo paradójico, pero sí de forma un tanto intrigante, le da una herramienta sumamente útil para desarrollar su lenguaje natural tan afín a sus propios esquemas. 

Lea con atención el siguiente fragmento del poema Moneda negra:

Todo es nostalgia, y sin amanecer,
es hora de desdibujar
la luz de la luna,
con una moneda negra
que en la noche gira
interminablemente. 

La exquisita severidad de la cotidianidad la logra Jorge Yam cuando mira una simple moneda, un objeto que mira a detalle y lo contextualiza circunstancialmente, en este caso, en una noche nostálgica, porque es interesante leer que tras decir de manera determinante que todo es nostalgia, dice y sin amanecer, haciendo de nostalgia sinónimo de noche y a su vez haciendo de noche algo que nunca amanece, para rematar en las últimas líneas con (su atractivo modo hiper-enfático) la noche gira interminablemente, y, observe, hay una deliciosa ambigüedad implícita, pues dice -si lo leemos de manera literal- que es la moneda negra lo que gira interminablemente; sin embargo, con la voz de nuestra mente podemos sentir ese juego de que es precisamente la noche lo que gira interminablemente. 

Es conciso y sustancioso, y, simultáneamente, sencillo. Lo cual me lleva a reconocer a Jorge Yam como lo que yo llamo un poeta natural. Con una disciplina ya integrada a su lenguaje. La brevedad parece ser su más elegante afán, decir tanto en tan pocas líneas, pero un "tanto" no exagerado sino coherente, mesurado. 

Ahora lea este fragmento de Esperanza oculta:

Quebrantaré la diversión
satisfaciendo a lo marchito.
Mujeriego enfermizo,
apagado en mi nostalgia,
fluirás entre mis lágrimas,
dueño
de mis pesadillas. 

En este poema, que al igual que el anterior publicó en su poemario Traspatio, se puede reafirmar el estilo conciso y sustancioso y a la vez sencillo de Jorge Yam: quebranta su diversión, satisfaciendo a lo marchito e inmediatamente menciona a un mujeriego enfermizo apagado en su nostalgia. No deja, como buen poeta natural, muy en claro quién es el mujeriego enfermizo, si se refiere a él mismo en su pasado y que pretende olvidarse para tener apagada su nostalgia, o, se refiere a otro mujeriego, lo cual le daría una intensidad distinta al texto. Da pie nuevamente a la múltiple interpretación, dentro de una brevedad, dentro de un esquema, dentro de una situación que también puede incluirse en su rutina. 

El poemario Traspatio por cierto consta de tan solo cuarenta páginas, que se pueden leer en no muchos minutos, pero como bien puede ver se puede degustar vez tras vez, se puede desmenuzar, se le puede dar giros como a la moneda y la noche casi interminablemente. 

Jorge Yam, poeta quintanarroense y miembro de Colectivo Colectivo